Al escuchar flight de vinos, lo primero que pasó por mi mente fue elegancia, esnobismo y un poco de miedo al ser una completa ignorante de esta bebida. Pero finalmente decidí asistir y entrar a Lazarus, un lugar en el que, dicen, el protagonista es el vino. Y vaya sorpresa que fue. En lugar de tener varias personas sentadas frente a una mesa con copas servidas y un sommelier excesivamente formal, Germán y Vidzú me recibieron en la barra con una cerveza artesanal mexicana llamada Tiniebla del grupo Insurgente, una bebida muy fresca en la que encontrarás notas cítricas (la primera probada y ya estoy hablando de “notas”) pues al momento de su elaboración le agregan cáscara de naranja para resaltar su sabor.

 

Entre trago y trago nos explicaron que en los flights de vino tienes la oportunidad de probar distintas etiquetas. El objetivo es consentir a los comensales y acercarlos al mundo del vino, sin prejuicios, sin tabúes; el punto es compartir, disfrutar y atreverse a tener un viaje gastronómico en el que el paladar es el invitado principal.

 

Y así inició mi viaje por este nuevo mundo. La primera parada fue Kim Crawford Sauvignon Blanc, un vino de Nueva Zelanda con notas frutales intensas. Como pedimos acompañar el flight con un maridaje, tomamos este vino con un tiradito de atún para crear una combinación ligera y refrescante.

 

 

Después nos fuimos a Argentina con un Malbec de Ernesto Catena llamado Animal, un vino único desde su etiqueta. Tiene mucha fruta presente y se reflejan destellos tanto de vainilla como de chocolate. Vale mucho la pena acompañarlo con una tabla de quesos, carnes frías y frutos del bosque, tal y como lo hicimos en este flight.

 

Seguimos con Manos Negras, un vino honesto creado por verdaderos artesanos  que literalmente se ensucian las manos en el campo para hacer esta ambrosía. En boca se crea un balance entre fruta y madera con buena acidez, y acompañado de un ravioli de hongos y jamón serrano, asegura un viaje astral del que no querrás regresar.

 

Terminamos en el sur de Australia con un Shiraz de Juguette, un vino elaborado por el dúo de enólogos Ben Caldwell y Mauricio Ruiz Cantú, el segundo orgullosamente mexicano. Con él, brindan una propuesta diferente y divertida en la que como su nombre lo indica juegan con la creatividad y la libertad de romper esquemas. Es un vino con mucha personalidad en el que resaltan notas de chocolate negro. Por dulce que suene esto, en Lazarus lo acompañaron con una hamburguesa de cordero simplemente exquisita.

 

 

Después de experimentar este flight no sólo recorrí países que probablemente de otra manera no habría conocido, sino que entendí que en Lazarus el protagonista es el vino.

 

Lo que más disfruté fue que aquí puedes hacer tu propio análisis y tu propio juicio, una experiencia que no necesariamente tiene que ser la misma para todos. El viaje es personal y por lo tanto subjetivo, así que todos tus sentidos deben estar alerta para el deleite, porque todo, absolutamente todo influye a la hora de degustar un vino: la luz, la ambientación, las copas, la música, el maridaje y sobre todo la compañía y la conversación.

 

Deja que la curiosidad, las ganas de experimentar y de conocer distintas variedades de vino te lleven a un viaje del que no quieras regresar ¿Quién dijo road trip?