Sábado por la mañana y despierto con un terrible dolor de cabeza, tenía mucha sed y un poco de nauseas. Después de refrescar mi cara con un poco de agua salí de mi cuarto y vi la evidencia en la mesa del comedor: tres botellas de Don Simón vacías. Tenía vagos recuerdos de la noche anterior y vaya que estaba sufriendo los estragos en ese momento, pero nada que unos chilaquiles y un Eletrolit de kiwi y fresa no pudieran arreglar.

 

Mientras estaba desayunando, uno de mis hermanos vio la evidencia, y claro que me regañó por tomar esa “porquería”, –sin ánimos de ofender a nadie–.  Me dijo que tenía que visitar a Germán y Vidzu, los maestros del vino de Lazarus. Yo tenía un poco de miedo, ya que era un mundo totalmente diferente para mi. Pero la curiosidad me ganó y terminé yendo.

 

Al entrar les conté de mi terrible amor por el Don Simón, así que decidieron iniciar mi introducción al mundo vinícola con un análisis sensorial, ¿qué significa esto? Se trata de describir un producto a través de los sentidos. En esta ocasión, decidieron enfocarse en el olfato, así que nos cubrieron los ojos y nos acercaron varias copas con diferentes aromas para que descubriéramos cuáles eran.

 

 

Fue una experiencia muy divertida, enriquecedora y, la verdad, un poco frustrante porque mi cerebro reconocía el aroma pero no podía traducirlo en palabras; a esto se le conoce como umbral de sensación, y es bastante común en las personas. Otra cosa que me sucedió es que al oler rosas automáticamente pensé en mi abuela, y es que mediante los sentidos llegan recuerdos que están impregnados en lo más profundo de nuestro ser. 

 

Esta actividad me hizo preguntarme, ¿de dónde vienen los aromas del vino? Y es que la uva tiene el poder de sacar cientos de olores dependiendo sus etapas de crecimiento, madurez y su paso por la barrica. En el vino todo influye, la composición del suelo y el clima nos brindan aromas frutales y florales, mientras que la fermentación otorga notas dulces e incluso de yogurt. El proceso de barrica es fundamental para obtener los aromas más complejos como madera, café, chocolate y nueces, entre otros.

 

Me pareció impresionante como una fruta tan simple y pequeña puede tener ese grado de complejidad y versatilidad, lograr descifrarla es un camino lleno de aventuras, autoconocimiento, cultura y sabiduría.

 

 

Después de experimentar con nuestro olfato, pasamos a probar dos vinos blancos y uno tinto. Gracias a que tenía los ojos vendados puedo decir que fue la primera vez en mi vida que me enfoqué tanto en lo que ocurría en mi boca al beber un pequeño sorbo, que realmente logré saborear, salivar, sentir la acidez, la textura e incluso la sequedad; fue un viaje profundo hacia el interior en tan sólo un momento.

Gracias a esta experiencia empecé a apreciar no sólo el vino, sino los pequeños detalles que nos ofrece, porque en una copa existe un mundo infinito envuelto en cristalería.